San Juan Crisóstomo: José, un hombre justo
San Juan Crisóstomo: Las reliquias de los santos
San Gregorio Magno: En la Resurrección del Señor
San Agustín: Elogio de la caridad
San Agustín: EL servicio episcopal
San Agustín: La pesca milagrosa
San Ambrosio de Milán: Las riquezas de los Salmos
San Ambrosio de Milán: Testigos de Jesucristo
San Gregorio de Nisa: Los frutos de la lucha interior
Tertuliano: Mirad cómo se aman
Tertuliano: La paciencia de Cristo
San Clemente Romano: La obediencia de toda la creación
San Justino: Como los Apóstoles nos enseñaron
San Justino: La verdadera sabiduría
San Juan Clímaco: El diálogo con Dios
San Clemente de Alejandría: Ejemplo de Buen Pastor
San Amadeo de Lausana: La Asunción de la Virgen
Teodoto de Ancira: Lección de Navidad
Santiago de Sarug: Sede de todas las gracias
San Ildefonso de Toledo: Madre de mi Señor
San Policarpo de Esmirna: Una apología de la fe
San Vicente de Lerins: María, Madre de Dios
Juan Mandakuni: Cómo acercarse al Santo Sacramento
San Máximo el Confesor: El consuelo de la Iglesia
San Máximo De Turín: El buen ladrón
San Pedro Crisólogo: La fe de la hemorroísa
Salviano de Marsella: Preceptos del Señor
San Gregorio Magno: La verdadera y falsa justicia
San Juan Crisóstomo: La educación en la templanza
Teodoto de Ancira: Virgen llena de gracia
San León Magno: Un combate de santidad
San Cromacio de Aquileya: Una pesca que da la vida
San Beda el Venerable: La alegría del Magnificat
San Hilario de Poitiers: Los obreros de la mies
San Ambrosio de Milán: El amigo importuno
San Agustín: Las bodas de Caná
Orígenes: El Magnificat de María
San Germán de Constantinopla: Doblemente digna de veneración